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4 de febrero de 2010

MARÍA TERESA LEÓN

María Teresa León Goyri nació en Logroño en 1903. Su padre era militar, y su madre, Oliva Goyri, hermana de María Goyri, que además de "marida" de Ramón Menéndez Pidal, fue la primera mujer española en obtener un doctorado en Filosofía y Letras. En su educación influyeron mucho sus tíos.

Pasó su infancia entre Madrid, Barcelona y Burgos, ciudad a la que volvería en varias ocasiones y con la que se sintió fuertemente ligada. Desde muy pequeña, María Teresa vivió en un hogar donde los libros eran abundantes y en el que las visitas de intelectuales eran bastante frecuentes. Estudió en la Institución Libre de Enseñanza y se licenció en Filosofía y Letras.

En 1920, con diecisiete años, se casa con Gonzalo de Sebastián Alfaro, con el que tiene dos hijos: Gonzalo y Enrique, pero su matrimonio no duró mucho. Separada de su marido y de sus hijos, vuelve al hogar paterno, colaborando en el Diario de Burgos con artículos de temas de actualidad, cultura y defensa de la mujer.

Escribe también cuentos para niños, "Cuentos para soñar" y "La bella del mal amor", que ven la luz en Madrid, donde se establece hacia 1929. Ese año conoce a Rafael Alberti, que será su compañero de por vida, rompe su matrimonio y se escapan a Mallorca, fue una de las primeras mujeres que en nuestro país ejerció su derecho al divorcio, cuando éste fue legalizado en 1931. En 1932 se casa con Rafael por lo civil.

“Ya no estoy sola, ya no me contesta el eco cuando hablo en voz alta. Empiezo, empiezo por mi cuenta y riesgo la vida”

Les otorgan una pensión para estudiar el movimiento teatral europeo, y viajan por Berlín, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Holanda y la Unión Soviética, donde conocen a importantes intelectuales, como Máximo Gorki. En 1933 fundan la revista Octubre, en la que participan importantes personas de la cultura y será la plataforma de jóvenes escritores.

Durante la República fue subdirectora del Consejo Central del Teatro, y puso en pie, ya como autora, ya como actriz o como directora, importantes empresas teatrales en la España republicana.


El alzamiento del 18 de julio de 1936 los coge en Ibiza, huyen al monte, y se pasan 23 días escondidos en una cueva, hasta que los republicanos entran en la isla y ellos vuelven a Madrid. María Teresa pasa a ejercer el cargo de secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas. Fundan la revista El Mono Azul, dedicada a los combatientes, en la que se publican muchos poemas que escribían los combatientes en las trincheras. El nombre se lo puso José Bergamín, porque las Milicias populares llevaban al principio un mono azul como uniforme.

Un día María Teresa se preguntó: “¿Por qué no ir hasta la línea de fuego con nuestro teatro?” y creó Las Guerrillas del Teatro del Ejército del Centro. El mismo camión en el que viajaban, regalado los intelectuales franceses para la propaganda, servía de escenario, porque consideraban que la “cultura debía andar sobre ruedas”. Recorrieron el frente representando obras alegres y festivas, para distraer a los soldados. Sus vivencias en el Madrid bélico las reflejará más tarde con gran intensidad en dos novelas: "Contra viento y marea" y "Juego limpio", ésta última de gran carga dramática, cruda e intensa, con importantes notas autobiográficas en la que narra el día a día de un grupo de actores.

Las enseñanzas directas que había recibido de sus tíos, Ramón y María, prestigiosos estudiosos del romancero tradicional, encuentran su cauce de expresión en la confección del Romancero de la Guerra Civil, dedicado a Federico García Lorca, que constituye un importante compendio de la poesía anónima del siglo XX.

Otro de sus grandes logros fue colaborar en que gran parte del patrimonio artístico español saliera de España, librándolo así del expolio y de que no fueran pastos de los bombardeos. En los primeros días de la guerra un grupo de intelectuales le pidieron al Ministerio de Instrucción Pública que creara una comisión para velar por la conservación de las obras de interés artístico o histórico que había en los edificios ocupados por las milicias, los partidos políticos y las organizaciones sindicales. Sacaron de España, además de cuadros y esculturas, tapices, joyas, muebles, objetos artísticos, libros, en muchas ocasiones únicos, como la colección de Historia Natural más importante del mundo, del palacio de Medinaceli, compuesta por miles de volúmenes.

“Jamás soñé entrar en el Museo del Prado bajando una escalerilla insospechada, y mucho menos, llevando en la mano un documento oficial autorizándome para empresa tan grande: trasladar a Valencia los cuadros del Museo del Prado… ¡Qué dificultades para todo! Faltaba madera de entarimar, para hacer los cajones de los embalajes, y no teníamos camiones, porque cada camión del frente tenía su tarea señalada. Recurrimos al quinto Regimiento, recurrimos a los ferroviarios. Los ferroviarios se encargaron de traernos la madera de unos almacenes que había quedado entre dos fuegos, en el Cerro negro. El V Regimiento y la Motorizada dieron el transporte y la protección para el camino. Fue una batalla… No recuerdo en qué noche del mes de noviembre llegaron al patio de la Alianza de Intelectuales los camiones que iban a trasladar a sitio seguro la primera expedición de las obras maestras del Museo del Prado. Las Meninas de Velázquez y el Carlos V de Tiziano, estaban protegidos por un inmenso castillete de maderas y lonas. Soldados del V Regimiento y de la Motorizada rodeaban los camiones, esperando la orden de marcha.”

La noche del 16 de noviembre de 1936, la Legión Condor, enviada por Adolf Hitler al servicio de Francisco Franco, bombardea el Museo del Prado con bombas incendiarias de fabricación alemana. Afortunadamente, sólo dañaron al museo los cascotes de metralla y la onda expansiva… Sobre todo esto escribió Alberti una obra titulada "Noche de guerra en el Museo del Prado".

La derrota republicana los llevó al exilio. El mes de febrero de 1939 lo pasaron en Elda (Alicante). El 6 de marzo se marchaban a bordo de un “Dragón” que despegó de una improvisada pista. Se marchaban para no volver en 38 años. Primero vivieron en París, donde fueron acogidos en casa de Delia y Pablo Neruda. Al estallar la Guerra Mundial, (1939) los Alberti entran a formar parte del equipo de traductores de la radio francesa. Se acostumbraron a dormir de día. A finales de 1940, estaban en la lista de personas que el interés en detener y entregar a las autoridades franquistas. Con las tropas alemanas ocupando Francia, la situación se volvió inquietante.

Abandonan París, y se embarcan rumbo a Argentina. La travesía fue humillante e inhumana; los exiliados españoles iban metidos en la bodega del barco. María Teresa se puso mala durante la travesía y no tenían siquiera derecho a ser atendidos por un médico. Cuando el barco atracó en el Río de la Plata, un gentío esperaba a los Alberti: fotógrafos, periodistas y una multitud llenaban el puerto. El contramaestre, al ver la deferencia con que eran acogidos aquellos pasajeros, a quienes él les había negado toda atención, le dijo a Alberti: “Mais, monsieur, ça il fallait le dire” (Señor, podían haberme dicho quiénes eran).

En Buenos Aires vivirán durante veintitrés años, en los que es permanente su añoranza del país que dejaron atrás. En 1941 nace su hija Aitana. Aitana es el nombre de una sierra levantina, que fue el último punto de tierra española que divisaron al salir de España. María Teresa desarrolla una intensa labor literaria como guionista de radio y traductora, a la vez que redacta algunas de sus principales obras.

“La memoria suele ser la fortaleza de los desterrados”

En la década de los 50 realizan varios viajes por Europa y, en 1958, por China, viaje que dará lugar a una importante obra en colaboración: "Sonríe China".

En 1963 se instalan en Roma, en el Trastevere, donde ambos, pero sobre todo Alberti, se convierten en figuras míticas y consagradas. María Teresa escribe su autobiografía, "Memorias de la melancolía", finalizada en 1968, una obra importantísima para conocer buena parte de la intrahistoria española de buena parte del siglo XX (y que podéis leer aquí).

Con la llegada de la democracia, vuelven a España en abril de 1977, pero ella no disfrutará mucho de la nueva etapa española. Aquejada del mal de Alzheimer, es ingresada en un sanatorio de las cercanías de Madrid en el que morirá el 13 de diciembre de 1988.

"Cuando ya todo lo olvide y cante como mi abuela con la última luz de la memoria"

En el cementerio de Majadahonda (Madrid), sobre su tumba, están escritas estas palabras de su compañero Rafael: “Esta mañana, amor, tenemos veinte años”.