15 de abril de 2008

Irena Sendler

Esta preciosa historia nos la ha enviado nuestra amiga Antonia Jaén, y es una digna merecedora de nuestro homenaje en Vidas de Novela.




Irena Sendler nació en Polonia el 15 de febrero de 1910, y es también conocida como "el ángel del Gueto de Varsovia”. Ha sido presentada como candidata para el Premio Nobel de la Paz por el Gobierno de Polonia.

La figura de Oscar Schindler fue aclamada por todo el mundo gracias a Steven Spielberg, que se inspiró en él para hacer la película que conseguiría siete Oscar en 1993, narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte de 1.000 judíos en los campos de concentración.

Pero Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros oficiales de historia. Además ella nunca contó a nadie nada de su vida durante aquellos años. Sin embargo, en 1999 su historia empezó a conocerse, curiosamente, gracias al trabajo de fin de curso de un grupo de alumnos de un instituto de Kansas sobre los héroes del Holocausto. En su investigación consiguieron muy pocas referencias sobre Irena. Sólo había un dato sorprendente: alrededor de 2.500 niños habían salvado la vida gracias a ella. ¿Cómo es posible que apenas hubiese información sobre una persona así? La gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena, descubrieron que no existía dicha tumba, porque ella aún vivía, y de hecho todavía vive. Hoy es una anciana de 98 años que reside en un asilo del centro de Varsovia, en una habitación donde nunca faltan ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.

Su padre, Stanislaw Krzyzanowski, un médico que contaba mayormente con pacientes judíos pobres, fue activista del partido socialista polaco (PSP).

Cuando Alemania invadió Polonia en 1939, Irena era enfermera en el Departamento de Bienestar Social de Varsovia, que manejaba los comedores comunitarios de la ciudad. Gracias a ella, estos comedores no sólo proporcionaban comida, asistencia financiera y otros servicios para huérfanos, ancianos y pobres, sino que sumaron la entrega de ropa, medicinas y dinero a las familias judías. Para evitar las inspecciones, se las registraba bajo nombres católicos ficticios y se las anotaba como pacientes de enfermedades muy contagiosas como el tifus o la tuberculosis.

En 1942 los nazis crearon el gueto de Varsovia, un área cerrada para alojar a los judíos, y las familias sólo podían esperar una muerte segura. Irena, horrorizada por las condiciones en que vivían, se unió al Consejo para la Ayuda a los Judíos. Como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto. Unas 5.000 personas morían mensualmente de hambre y enfermedades. Irena logró obtener un pase del Departamento de Control Epidémico de Varsovia para poder ingresar al gueto en forma legal. Iba diariamente con el fin de reestablecer contactos, llevar comida, medicinas y ropa vistiendo un brazalete con una estrella como signo de su solidaridad para con los judíos y para no llamar la atención sobre sí misma.

Pronto se puso en contacto con familias, a las que les ofrecía sacar a sus hijos del gueto. Persuadir a los padres de separarse de sus hijos era una labor horrorosa para una joven madre como Irena. Era un momento horroroso, debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos, y ellos le preguntaban: “¿Puedes prometerme que mi niño vivirá?”. Pero ella no les podía dar garantías de éxito, ni siquiera se sabía si lograrían salir del gueto. Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían en él.

"En mis sueños, todavía puedo oírlos llorar cuando dejaban a sus padres", decía. Las madres y las abuelas no querían desprenderse de sus hijos y nietos. Irena las entendía perfectamente, pues ella misma era madre, y sabía que, de todo el proceso que ella llevaba a cabo con los niños, el momento más duro era el de la separación. Algunas veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte. Cada vez que le ocurría algo así, luchaba con más fuerza por salvar a más niños. Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes… En sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape.

Tampoco era fácil encontrar familias que quisieran darle cobijo a niños judíos. El rescate de un niño requería la ayuda de al menos diez personas. Los niños eran los primeros transportados a unidades de servicio humanitario (pogotowie opiekuncze) y luego a un lugar seguro. Luego les encontraba ubicación en casas, orfanatos y conventos. "Envié a la mayoría de los niños a establecimientos religiosos," recordaba. "Sabía que podía contar con las hermanas". Irena también tuvo una gran cooperación para ubicar a los más grandes: "Nunca nadie se negó a aceptarme un niño", dijo.

Logró reclutar al menos una persona de cada uno de los diez centros del Departamento de Bienestar Social. Con su ayuda, elaboró cientos de documentos falsos para dar identidades temporales a los niños judíos. Irena vivía los tiempos de la guerra pensando en los tiempos de la paz. Por eso no le bastaba solamente mantener a esos niños con vida. Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, sus historias personales, sus familias.

Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Tomaba nota, por medio de una codificación, de los nombres de los niños y de sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que luego enterraba bajo un manzano en el jardín de su vecino. Allí estaba el pasado, sin que nadie los sospechara, de alrededor de 2.500 niños.

Pero un día los nazis supieron de sus actividades. El 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada. En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo con la leyenda: “Jesús, en vos confío”. La conservó como el resultado de un azar milagroso en aquellos duros momentos de su vida, hasta el año 1979, que se la regaló a Juan Pablo II. Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y se rehusó a traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le rompieron los pies y las piernas además de imponerle innumerables torturas. Sin embargo nadie pudo romper su voluntad. Fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió, porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar. Al salir, le gritó en polaco "¡Corra!". La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños. Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando, pero con otra identidad.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y le entregó las notas al doctor Adolfo Berman, el primer presidente del comité de salvamento de los judíos sobrevivientes. Utilizaron las notas para tratar de localizar todas aquellas familias adoptivas y reunirlos con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familias en los campos de concentración nazis.

Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta. Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, y varias personas empezaron a llamarla para decirle: “Recuerdo tu cara. Soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…”. Irena tiene en su habitación cientos de fotos con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos.

Irena Sendler lleva años encadenada a una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastra tras las torturas sufridas por la Gestapo. No se considera una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. Siempre que se le pregunta sobre el tema, Irena dice:
“Podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera”.
“Como se plantan las semillas de comida, se plantan las semillas de bondad. Traten de hacer un círculo de bondades, y éstas les rodearán y les harán crecer más y más”.

5 de abril de 2008

NORAH BORGES

(1901-1998)

"A Norah Borges, dominadora Vésper divina,
que imprime la huella de su sandalia estelar
sobre el Mediterráneo que hay en mi corazón..."

Esta preciosa dedicatoria de Adriano del Valle a Norah Borges ha hecho que estalle mi curiosidad por ella, porque la causante de dejar semejante huella no debía ser una mujer anodina, así que me puse a rastrear por el universo de Internet y me convencí de que Norah merecía dejar también su huella en nuestro blog Vidas de novela.

Norah fue una pintora argentina, y nuevamente nos encontramos ante la vida de una mujer grandiosa aplastada bajo la fama de los hombres de su familia.
La sombra de su hermano, Jorge Luis Borges, (con el que aparece en la foto de la derecha), que la rebautizó como Norah pese a que se llamaba Leonor Fanny, y la de su marido, el crítico literario español, Guillermo de la Torre, la relegaron a un segundo plano en el territorio fundamentalmente masculino de las vanguardias, donde eran contadas las mujeres.

Pero Norah tenía luz propia, era pintora y vivió inmersa en un ambiente de alta cultura. Sus pinturas emiten la misma ternura que ella reflejó en su vida, alguna vez comentó que "la pintura ha sido inventada para dar alegría al pintor y al espectador".

En 1901 la familia Borges se traslada a la calle Serrano 2135, en Palermo, a una casa de dos plantas, con jardín, patio y molino. El 14 de marzo nace Norah, la hermana con quien Georgie aprenderá y leerá inglés, dibujará tigres e imaginará juegos que ya traslucen el ulterior universo borgiano. Los hermanos Borges se criaron en un hogar sumamente aislado que los protegió de las turbulentas calles del barrio de Palermo, a las afueras de Buenos Aires. Cuando no estaban bajo la tutela de una gobernanta inglesa llamada Miss Tink, los hermanos disfrutaban innumerables horas de lectura en la biblioteca de su padre o realizaban juegos de fantasía en el jardín cerrado de la casa. Por la constante presencia de la gobernanta y de una abuela oriunda de Staffordshire, y para ajustarse a los dictados de su anglófilo padre, los niños aprendieron a comunicarse en inglés mucho antes de que dominaran el español.

En 1914, cuando Norah y Georgie eran adolescentes, su padre Jorge Guillermo comenzó a perder la vista, una enfermedad congénita que su hijo habría de heredar. Abandonando su estudio jurídico, decidió llevar a su familia a un largo viaje por Europa, dada la fama de los oculistas suizos y con la posibilidad de que sus hijos recibieran por algunos meses educación en Europa, se trasladó a Ginebra. El patriarca de la familia se equivocó en su pronóstico sobre la Primera Guerra Mundial, y cuando ésta estalló, la familia se encontró atrapada en Suiza, donde permaneció hasta el fin del conflicto.

Para poder ingresar a sus respectivos colegios, los hermanos se vieron obligados a aprender rápidamente el francés. Mientras que Georgie debió esforzarse por aprender el nuevo idioma, Norah lo logró con más facilidad, tanto que pronto comenzó a soñar en francés.

Los padres matricularon a su hijo en el Collège Calvin y a su hija en la École des Beaux-Arts con 14 años, en esta escuela encontró su vocación, la pintura y conoció al profesor más influyente en sus primeros años como estudiante del arte, Maurice Sarkissoff, que le aconsejó que abandonara las influencias de la academia y pintara sola. Desde ese momento, Norah pintó con su propio estilo y lo desarrolló a la edad de 17 años.

Se quedaron cuatro años en Europa, y Norah tomó contacto con las vanguardias, especialmente el movimiento expresionista.

A comienzos de 1919 la familia Borges pasa brevemente por Ginebra, desde donde partirá hacia Barcelona. A finales de mayo los Borges abandonan Barcelona y llegan a Palma de Mallorca, donde Norah estudia pintura con Sven Westman, allí permanecerán hasta septiembre. En ocmbre del mismo año recorren el sur de España (Murcia, Granada) y se instalan finalmente en Sevilla a principios de noviembre. Norah, amplió allí sus estudios y tomó parte activa de la vida cultural vanguardista. En Sevilla y en Madrid estudió con Julio Romero de Torres.

Su llegada a España supuso un giro en su pintura. Allí, como su hermano, entró en contacto con el movimiento Ultraísta y comenzó una larga trayectoria como ilustradora de los textos literarios de Adriano del Valle, Juan Ramón Jiménez, Norah Lange, Cortázar y Bioy Casares. También diseñó la escenografía de una obra teatral de Federico García Lorca. Sus trabajos aparecieron en las revistas Grecia, Ultra y Reflector, fundadas y dirigidas por Adriano del Valle.
Los Borges llegan a Madrid hacia febrero de 1920, y allí permanecen hasta el 3 de mayo. Tras pasar por Barcelona, la familia se dirige a Ginebra, donde el padre tenía que pasar una revisión oftalmológica. En junio regresan a Mallorca pasando por Barcelona.

El 4 de marzo de 1921, los Borges —el contingente estaba compuesto por la abuela paterna, Frances Haslam, quien se les había unido en Ginebra en 1916, los padres, Leonor Acevedo y Jorge Guillermo y Norah— embarcaron en el puerto de Barcelona en el "Reina Victoria Eugenia", que los devolvería a Buenos Aires. La influencia cubista, que le llegó a través de sus contactos franceses en Madrid, explotó con su vuelta a Argentina, en 1921.

En 1928 Norah se casó con Guillermo de Torre (en la foto durante su luna de miel), el historiador y crítico literario español, y se radicó en España hasta el comienzo de la Guerra Civil. Se habían conocido en España cuando él apenas tenía 19 años. Tuvieron dos hijos. Entre 1932 y 1936 Guillermo de Torre y Norah Borges residieron en Madrid.

Horacio Salas, autor de una biografía de Jorge Luis, comentó que posiblemente este matrimonio no le hubiese parecido bien a Jorge Luis, porque pensó que la estaba apartando de la pintura, y que a partir de allí la relación entre los hermanos se hiciera más distante. Sin embargo, mantuvieron una relación fraternal, hasta que él se fuera definitivamente a Ginebra a esperar la muerte.

Siempre tuvo una excelente relación con su hermano, él decía que durante la infancia de ambos "en todos nuestros juegos era ella siempre el caudillo, yo el rezagado, el tímido, el sumiso. Ella subía a la azotea, trepaba a los árboles y a los cerros yo la seguía con menos entusiasmo que miedo".

Cuentan que cuando su hermano murió en Ginebra, y su entierro se veía por televisión, ella tocaba la pantalla y le preguntaba: Georgie, “¿qué pasó que te alejaste tanto?”

Al comienzo del 30 ella fue una de las primeras artistas en investigar sobre el grabado, y en la España anterior a la Guerra Civil española incursionó en el Teatro Universitario La Barraca.

Poco antes de estallar la Guerra Civil el matrimonio huye a París, donde nace su hijo Luis en 1937. Allí colaboró con la Oficina de Turismo republicana y después se instalaron definitivamente en Buenos Aires, desde donde regresaron en alguna ocasión a España. En 1939 nace su hijo Miguel.

En 1946 Juan Domingo Perón es elegido presidente de Argentina, venciendo a la Unión Democrática. Borges había apoyado a ésta última, y se manifestaba abiertamente en contra del nuevo gobierno, lo que provocó que debiera abandonar su función de bibliotecario, y se negase a aceptar el cargo de "inspector de aves y conejos". Borges manifiesta respecto al nuevo gobierno: "Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor"

En 1948 su hermana Norah Borges y su madre son detenidas por escándalo público al haber cantado el himno nacional en la calle Florida, sin permiso policial. Doña Leonor permanecerá confinada en arresto domiciliario y Norah pasará un mes en la cárcel. Norah es llevada durante unos días a la cárcel de mujeres del Buen Pastor, y para no afligir a su madre, le escribía que la cárcel era un lugar lindísimo. Aprovechaba el obligado ocio para enseñar dibujo a sus compañeras de encierro, que eran mujeres de la calle. Cada noche rezaba su Padrenuestro y se quedaba dormida inmediatamente.

En 1974 su hermano escribió "Norah", donde testimonia sus relaciones: "Compartimos las ficciones de Wells, loas de Verne, de las Mil y unas noches, las de Poe y las representábamos. Puesto que sólo éramos dos (salvo en Montevideo, donde nos acompañaba mi prima Esther), multiplicábamos los roles y éramos, de un momento a otro, los cambiantes personajes de una fábula. Habíamos inventado dos amigos inseparables. Quilo y Molino. Un día dejamos de hablar de ellos y explicamos que habían muerto sin saber muy bien que era la muerte".

Guillermo murió en 1971, y Norah el 20 de julio de 1998, a los 97 años. Pintó hasta 3 años antes de su muerte. Está enterrada en el Panteón familiar de la Recoleta.
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