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30 de octubre de 2007

Suzanne Valadon

(1865-1938)
Marie-Clémentine Valadon nació en Bourg de Bessines (Limoges). Hija de madre soltera, se traslada a París, al barrio de Montmartre, donde crece casi abandonada, dedicándose a cualquier trabajo eventual con el que pudiera mantenerse. Fue modistilla, planchadora y lavandera.

A los 15 años estaba en el "Cabaret de los Asesinos", al que su dueña dejaba entrar y ayudar a servir en las mesas mientras oía cantar y tocar la guitarra, uno de los clientes le propuso trabajar como acróbata de circo, dada su buena constitución, en el "Cirque Molier", que había sido instalado con enorme éxito en la Place de Pigalle.

La noche siguiente, vestida con un falda descolorida de gasa y lentejuelas, actuó por primera vez como auxiliar de acróbatas. Luego fue amazona, y finalmente trapecista hasta que una caída, que estuvo a punto de costarle la vida, terminó con aquella aventura circense. Después de cada representación acudía al bar del establecimiento, con un maillot rosa y su falda de oropel, para recibir a los admiradores y sus felicitaciones. Allí vio por primera vez a pintores como Degas, Forain, Willette, Léandre o Toulouse-Lautrec, para el que traían un taburete especial.

A los 16 años se inicia en otra profesión ocasional muy frecuente entre las jovencitas de las clases más pobres de Montmartre, que le haría cambiar su vida y pasar a la historia. Su rostro y su figura, vestida o desnuda, sirvió a las obras de grandes pintores de la época, además de los citados, Puvis de Chavannes, Renoir y Zandomeneghi.
El primer taller al que asiste como modelo, era el del viejo maestro Puvis de Chavannes, del que se burlaban los pintores más jóvenes de Montmartre porque pintaba temas mitológicos, llenos de venus y apolos coronados de guirnaldas y laureles. Marie posó para todos personajes de su Bosque Sagrado amado por las Artes y las Musas (1884). A pesar de sus años, pintor y modelo mantuvieron durante algún tiempo una relación que iría más allá de la puramente profesional.

Degas, para el que también posó como modelo, al ver los dibujos que ella le presentó, fue el primero en animarla a pintar, y compró uno, que enmarcó y colocó en su salón. Le escribía esporádicas notas afectuosas, interesándose por ella y pidiéndole que lo visitara y le mostrase sus trabajos. Degas dejó una fuerte influencia en el estilo y la temática de sus dibujos y pasteles ejecutados hacia 1900 (en la imagen, Suzanne pintada por Degas)

Al mismo tiempo, también posa para Renoir, que acababa de casarse con Aline Charrigat, también modelo suya, y de la que estaba profundamente enamorado. Su relación con él fue exclusivamente laboral, y quedaron muchas obras donde Marie fue la protagonista, como "Baile en Bougival" (a la derecha) (1883) y el estereotipo de un rostro y una figura de mujer que se repetirá en su obra.
En 1883, al poco tiempo de tener a su hijo, que deja a cargo de su madre, se muda a un edificio lleno de estudios para artistas. Allí trabajaban entre otros, el pintor italiano Federico Zandomeneghi y Françoise Gauzi, uno de los amigos más íntimos de Toulouse-Lautrec.
Suzanne era independiente, bohemia, libertina, mentirosa y bebedora empedernida. Muchas noches, al volver de sus sesiones de trabajo y de divertirse con amigos por las tabernas del viejo Montmartre, encontraba en su puerta un ramito de flores con una nota de Lautrec que decía: "Vale por unos vasos de absenta".

Las juergas que montaba Lautrec en su estudio eran tan sonadas y famosas como abundantes las bebidas alcohólicas y los cócteles que él mismo preparaba. A más de una acudía su bella vecina, la modelo que tiempo después contaría cómo, en el transcurso de una de estas reuniones, presenció una de las situaciones más violentas que recuerda. En medio del bullicio de la fiesta "...entró un hombre con una máscara rota y con una pesada tela enrollada bajo el brazo, la extendió en un rincón apartado, aunque bien iluminado, y extrañamente esperó a que alguien le prestase alguna atención. Nadie le decía nada. Se sentó un rato, vigilaba las miradas y no intervino en conversación alguna. Después, cansado de esperar, volvió a enrollar su obra y se marchó por donde había venido sin articular palabra". Era el pelirrojo pintor holandés, Vincent van Gogh, recién llegado a París, que había conocido a Lautrec y sus amigos en el Taller de Cormon en marzo de 1886.

Por admiración a Tolouse-Lautrec, por compasión hacia el "genial gnomo" (era enano y deforme) y por interés puramente material, Valadon enseguida se convirtió no sólo en su modelo, sino especialmente en su amante. Durante dos años convivió con él, acompañándole a todas partes. Fue una relación tempestuosa, llena de alcohol y de mentiras por parte de la modelo, que finalmente se rompió cuando le pidió que se casara con ella, amenazándole con suicidarse si se negaba a hacerlo. Cuando Lautrec descubrió que había sido un falso intento, un engaño más, la dejó para siempre en 1888. (En la imagen, Valadon posa para "La bebedora" de Lautrec)

Entre 1890 y 1891, mantuvo una relación amorosa con Miguel Utrillo, compañero de Ramón Casas y Santiago Rusiñol en Montmartre, fechas en las que también posó para ellos. De Utrillo y Rusiñol existen sendos retratos de la Valadon, el de Rusiñol, es el titulado "La risueña" (en la imagen).
De enero a junio de 1893, fue la amante del músico Erik Satie, también muy unido al grupo de catalanes que vivían en el Moulin de la Galette.

Después vivió 14 años con el banquero Paul Moussis, al que abandonará para volver al estudio de Montmartre, donde poco después se unirá a otro pintor amigo de su hijo, André Utter, veintiún años más joven que ella, y que terminará abandonándola después de celebrar juntos varias exposiciones.

Su vida amorosa, plagada de esporádicas aventuras, siempre fomentó todo tipo de especulaciones sobre la verdadera identidad del padre de su único hijo, el que luego sería el famoso pintor de Montmartre, Maurice Utrillo Valadon, al que dio a luz el 26 de Diciembre de 1883.
El propio Utrillo contaba que un día que iba con su madre por la calle, ésta le confesó que un tipo con barbas que iba con un grupo por la otra acera, era su padre. Era un tal Boissy, al que había conocido en el viejo cabaret de la Rue des Saules donde actuaba, y que a pesar de ser un alcohólico empedernido y "el peor tipo de la Colina", debía respetarlo porque "era un trovador que había sabido cantar al viejo Montmartre y a sus molinos". Se dice que Boissy, al conocer la noticia de que la bella Marie esperaba un hijo, lo celebró con sus amigos en un tabernucho de la Rue Norvins.

Lucie Valore, esposa del pintor, aseguraba tener pruebas fehacientes de que su padre había sido Puvis Chavannes, llegando incluso a afirmar que tenía una carta del maestro, comprometiéndose a pasarle a Maurice una pensión vitalicia de doscientos francos anuales.
La misma Lucie Valore, se contradice al decir que el padre de Utrillo había sido el pintor y periodista catalán Miguel Utrillo i Molins, compañero de Ramón Casas y Santiago Rusiñol en Montmartre, que también estuvo profundamente enamorado de ella. Corroborarían esta teoría el hecho de que en 1891 le diese su apellido (aunque siempre se ha dicho que lo hizo por puro "espíritu caballeresco"), y los celos terribles que siempre sintió André Utter por éste, a pesar de que Suzanne siempre le había negado su paternidad. Años después la propia Valadon confirmaría la veracidad de este vínculo a su amiga la galerista Berthe Weill, al mostrarle en un periódico de Barcelona la noticia de la muerte de Miguel Utrillo. (En la imagen, Valadon, Utrillo y Utter).
Valadon murió en 1938 y a su funeral acudieron grandes personajes de la comunidad artística de París incluyendo a Picasso, Georges Braque y André Derain.
Su tumba está en el cementerio de St. Ouen Seine-St. Denis de Paris.


Su pintura
Incentivada por el trabajo de todos aquellos grandes pintores para los que posaba, cuyas técnicas observaba diariamente, empezó a sentir el deseo de hacerlo ella misma.
Se cuenta fue Renoir el primero en descubrir su afición a la pintura en 1885, cuando un día que tardaba en llegar a su taller, decidió ir a buscarla y la encontró terminando un boceto de un niño lavándose. Al ver a Renoir, intentó esconderlo, y el pintor, tras quitárselo y mirarlo detenidamente, le reprochó que quisiera ocultarlo, añadiendo que estaba perdiendo el tiempo posando como modelo. Aparte de esto no hizo nada más por ayudarla.
Sus primeros dibujos los presentó a Degas, quien tenía fama de apoyar a los jóvenes artistas, y los valoró en gran manera y le dio consejos, añadiendo que era una artista y debía proseguir en su empeño de ser pintora.
A Toulouse-Lautrec, tal vez el pintor a quien más admiró, también le ocultó su afición hasta que un día en su estudio, casualmente, encontró traspapelados algunos dibujos suyos. Su sorpresa fue tal que enseguida los colocó en la pared y cada vez que algún compañero venía a visitarlo, le preguntaba si sabía de quienes eran, citando a Steilen, Willette o incluso al propio Degas. A partir de entonces, aprobando su decisión de ser pintora, con todo el sarcasmo que le caracterizaba, le sugirió su nombre "artístico". Un nombre que sólo podría ser el de "Suzanne" habida cuenta de que "había posado desnuda para todos los (pintores) viejos de Paris". Es así como Marie-Clementina Valadon, paso a ser "Suzanne Valadon".

Trabajó durante trece años en sus óleos antes de enseñarlos públicamente. Hizo su primera exposición individual en 1915, y obtuvo un éxito rotundo tanto comercial como de crítica. Su obra, compuesta por retratos, paisajes y desnudos, pletórica de colores brillantes y vigorosos, ha sido clasificada como postimpresionista y fauvista.