1 de noviembre de 2007

Misia Sert

(1872-1950)
En el torbellino de vida mundana y cultural que fue el París de la Belle Epoque, brillaron una serie de mujeres originales y talentosas. Casi todas, llamativamente longevas, extendieron su reinado durante buena parte del siglo XX y en algunos casos sus respectivos destinos se cruzaron. Entre ellas, Misia Sert, quizás más que ninguna responde al título de musa.

Nacida en San Petesburgo en 1872 como Marie Sophie Olga Zenaïde Godebska, hija del escultor polaco Cyprien Godebski, destacó en la sociedad de los artistas de vanguardia de París, entre finales del XIX y los años de la II Guerra Mundial.

Fue modelo de Renoir (en la imagen retratada por él)

Su personalidad cautivó también a Bonnard y a Toulouse-Lautrec (imagen de la derecha).

Aunque no vivió para la moda, Paul Morand la describe como “un monumento trasladado a París desde un lugar lejano, y colocado en el centro del buen gusto francés”.

Fue gran amiga de la princesa Polignac (hija de Jeanne Lanvin), y de Diaghilev, a quien le financió los Ballets Rusos vestidos por Delaunay y que inspiraron a Poiret. En ella buscaban consejo Stravinsky, Ravel, Debussy, Poulenc y otros muchos protagonistas de la música contemporánea.

Casi adolescente, contrajo matrimonio con Thadée Natanson, (en la imagen, pintado por Felix Valloton), creador de la famosísima “Revista Blanca” (La Revue Blanche). Ella tuvo salón para recibir en la sede de la revista, en la calle Lafitte, así como en la casa de Thadée, entre 1893 y principios del siglo XX.

En 1903, en un modo escabroso, fue literalmente traspasada a su segundo marido, el magnate de la prensa y multimillonario Alfred Edwards.
Misia lamentaba amargamente en su madurez no haber cedido a los ruegos de su amigo Renoir, empeñado en pintar sus pechos: “Mi mojigatería me parece ahora bien estúpida”, comentaba cuando ya era tarde, olvidando que su celoso marido, Edwards, que la arropaba con diamantes, siempre rondaba alrededor cuando Renoir le retrataba.

Por último, apasionadamente enamorada, se lanzó a un larga y fructífera, pero azarosa y dificil convivencia con el pintor español José María Sert (1874-1945) con el que acabó casándose en 1920 para separarse luego dolorosamente, y al que no dejó de amar hasta el final de sus días.

De él tomó el apellido por el que fue conocida, Misia Sert.

Fue la gran amiga de Coco Chanel y hay quienes suponen que su inspiradora e introductora en el demi-monde parisino. Según contaba la propia Coco: “Misia es la única amiga que he tenido… Apareció en mi momento de mayor desconsuelo: la pena de los demás le atrae, como ciertos perfumes atraen a las abejas …”.

Coco Chanel y Misia Sert organizaron el funeral de Diáginev en la iglesia ortodoxa de Venecia y su entierro en San Michele. Ellas dos, vestidas de blanco, acompañaron a la góndola fúnebre en aquel día de paz, después de una víspera de viento y tormenta. De pie en la proa, entre los ángeles dorados, parecían sacerdotisas, blancas gatas de angora. Misia había empeñado su collar de platino con tres hileras de diamantes para darle al mago el entierro que merecía, ya que a su muerte él sólo había dejado unos gemelos de oro. Misia llamaba a este collar ‘mis noches de amor’, porque se lo había regalado su millonario marido Alfred Edward.

Fue también íntima de Picasso y de Cocteau, confidente de Paul Morand e inspiradora de Stéphane Mallarmé. Otros de sus amigos fueron Helena Rubinstein, el pintor Paul Sérurier, Jean Marais, Claude Debussy, Jean Girodoux, Raymond Radiguet, Vaslav Nijinski, Maurice Ravel ou Serge Lifar.

Además posó para diferentes pintores: como Pierre Bonnard, Toulouse-Lautrec, Valloton, Odilon Redon, Édouard Vuillard (en la imagen pintada por él).

Tras la segunda guerra mundial, casi ciega, se refugió en la morfina y los estupefacientes, y dictó sus memorias publicadas póstumamente (Misia, 1952) a su devoto amigo de los últimos años, Baoulos Ristelhueber.

Falleció en París en octubre de 1950.

Misia no dejó una obra de creación personal, salvo unos dudosos souvenirs póstumos –“Misia”, 1952–, pese a su reconocido –por Lizst, Fauré– talento musical y a cierta gracia para escribir.

“Femme pour impressionistes”, la llamó Cocteau, que bajo el influjo de conversaciones con ella escribió “Thomas l’Imposteur” (1922). La emperatriz de la Belle Epoque que descolló en los fabulosos bailes del conde Etienne de Beaumont .

Misia también tuvo relaciones ambivalentes con Proust, que se inspiró en su personalidad para Mme. Verdurin, la varias veces viuda que termina como princesa de Guermantes de su libro “En busca del tiempo perdido”.
Personaje complejo y enigmático, Misia, medio siglo después de su muerte, siguió practicando el divino oficio de musa, inspirando al cantante Eduardo Cogorno, en un primoroso espectáculo titulado justamente “Misia (En busca de la musa perdida)”.

BIBLIOGRAFÍA SOBRE ELLA:

· Gold, Arthur. Fizdale, Robert. "MISIA. La vida de Misia Sert", ed. Destino (1985), precio 13 euros, 358 pgs.
Su encanto fue tan cautivador, su temperamento tan impresionante que, como si fuera de estirpe real, fue conocida en el mundo sólo con su nombre de pila: Misia. Con ilustraciones en color y en blanco y negro que incluyen reproducciones de algunos de los mejores retratos de Misia pintados por los grandes artistas a quienes obsesionaba aquella mujer y su vida - así como un brillante retrato de la sociedad en la que tuvo un papel tan importante y que la quiso tanto-.

· MISIA. Misia Sert (Ed. Tusquets) Precio:13 €.
Esta autobiografía, publicada póstumamente en Francia con enorme éxito de público en 1952, fue concebida al inicio como una larga y desesperada carta al gran pintor español José M.ª Sert, su tercer marido y único perdido amor, y ha sido hoy «revisitada» para nosotros por un sobrino nieto de éste, Francisco Sert.

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